SOCIEDAD
8 de octubre de 2026
Día Mundial del ACV: reconocer las señales de alerta y actuar a tiempo puede salvar vidas
Cada 29 de octubre se conmemora el Día Mundial del Accidente Cerebrovascular (ACV), una fecha clave que convoca a generar conciencia comunitaria sobre una de las emergencias neurológicas más frecuentes y críticas
(CABA, 08. Oct.2016 / A1 Noticias) El accidente cerebrovascular ocurre cuando se interrumpe de manera abrupta el flujo de sangre hacia una región del cerebro, ya sea por la oclusión de una arteria debido a un coágulo -lo que constituye un ACV isquémico- o por la rotura de un vaso sanguíneo que desencadena una hemorragia cerebral. En ambos casos, las células nerviosas dejan de recibir el oxígeno y los nutrientes indispensables para su funcionamiento, lo que puede provocar lesiones severas en cuestión de pocos minutos.
De acuerdo con datos del Ministerio de Salud de la Nación, esta afección representa una de las principales causas de muerte y de discapacidad adquirida en adultos en el país, pero la detección precoz y el acceso inmediato a la atención médica especializada pueden transformar de forma radical el pronóstico y mitigar secuelas graves.
Los síntomas del ACV se caracterizan por irrumpir de forma súbita. Aprender a identificarlos con rapidez es el paso determinante para activar sin demoras el sistema de emergencias.
Entre las señales de alerta más evidentes se destacan la asimetría facial -como la dificultad para sonreír o la desviación visible de la comisura de la boca hacia un lado-, la pérdida repentina de fuerza o sensibilidad en un brazo, una pierna o en toda una mitad del cuerpo, y las alteraciones en el habla, ya sea por problemas para articular palabras, expresarse con coherencia o comprender lo que otros dicen.
A estas manifestaciones se suman la pérdida o alteración brusca de la visión en uno o ambos ojos, el dolor de cabeza agudo e inusual sin causa aparente, y los trastornos repentinos del equilibrio, la coordinación o la estabilidad al caminar. Es fundamental remarcar que no se requiere la presencia simultánea de todos estos signos: la aparición repentina de uno solo de ellos es motivo suficiente para sospechar un ACV y solicitar auxilio médico de inmediato.
Frente a la sospecha de un evento cerebrovascular, cada minuto cuenta. El ACV es una emergencia tiempo-dependiente: cuanto más se dilata la atención profesional, mayor es la masa de tejido cerebral que sufre daño irreversible.
La conducta correcta es activar de inmediato el servicio de ambulancias y registrar con precisión la hora exacta de inicio de los síntomas o el último momento en que la persona fue vista en su estado habitual, un dato que resulta vital para que los médicos evalúen terapias específicas capaces de restablecer la circulación cerebral dentro de ventanas terapéuticas estrictas. Mientras se aguarda la llegada del equipo de emergencias, se debe mantener a la persona acompañada, recostada y en un entorno seguro, evitando de forma tajante administrarle agua, alimentos o medicamentos caseros, ya que la capacidad deglutoria puede estar alterada y ciertas sustancias podrían agravar el cuadro. Tampoco debe postergarse el llamado a la espera de una mejoría espontánea ni minimizar el cuadro si los signos ceden en pocos minutos; podría tratarse de un ataque isquémico transitorio, una advertencia clínica de máxima prioridad que suele preceder a un episodio mayor.
A la par de la respuesta urgente, la prevención continúa siendo nuestra herramienta más valiosa. Si bien existen condicionantes no modificables como la edad o los antecedentes genéticos, la gran mayoría de los factores asociados al desarrollo de un ACV pueden controlarse mediante chequeos periódicos y hábitos saludables sostenidos.
El control estricto de la presión arterial se erige como la medida prioritaria, ya que la hipertensión es el principal desencadenante de esta patología. Mantener dentro de los rangos adecuados los niveles de glucemia y colesterol, abandonar el consumo de tabaco y la exposición a su humo, evitar el consumo excesivo de alcohol, sostener una alimentación equilibrada con bajo aporte de sodio y grasas saturadas, realizar actividad física adaptada y preservar un peso saludable reducen significativamente el riesgo cardiovascular global.
En este Día Mundial del ACV reforcemos el compromiso de promover la educación sanitaria comunitaria: reconocer las alertas a tiempo, actuar con serenidad y rapidez ante la primera sospecha y acudir a los controles de rutina son decisiones cotidianas que cuidan el cerebro, protegen la autonomía y salvan vidas.