16 de septiembre de 2019

Prohibido Olvidar: A 43 años de “La noche de los lápices”

Por: Redacción A1 Noticias

Hoy se cumple el 43° aniversario del secuestro de estudiantes secundarios que la dictadura cívico militar llevó a cabo el 16 de septiembre de 1976, en la ciudad de La Plata. Esos jóvenes reclamaban por la gratuidad del Boleto Estudiantil Gratuito, el operativo de exterminio llevó el nombre clave de "La noche de los lápices”

(CABA, 16.Set.2019 / A1 Noticias) Todavía no se había completado el primer semestre del inicio de la sangrienta dictadura de Argentina, que había tomado a “sangre y fuego” el poder de nuestro país. Tenían como objetivo acallar todas las voces del pensamiento libre y un plan sistematizado de prohibir todo tipo de organización popular.

Con salvajismo inusitado, exterminaban literalmente toda oposición a sus aspiraciones de gobernar el país para las clases dominantes. Ese 16 de setiembre, en la capital bonaerense se produjo una matanza con el aval expreso de los Estados Unidos, como lo afirmó el ex embajador yanqui en nuestro país Robert Hill, recordando que “el secretario de Estado Kissinger les dio luz verde para que continuaran con su ‘guerra sucia’. Para fin de 1976 había millares de muertos y desaparecidos más”.

El genocida Jorge Rafael Videla quiso convertir aquella masacre en una incógnita declarando que el desaparecido “no tiene entidad, no está ni muerto ni vivo, está desaparecido”. A modo de lección ejemplar esa “noche de los lápices”, coincidió con el día del derrocamiento del primer peronismo por la autodenominada Revolución Libertadora.

La historia relata que el 16 de setiembre fue secuestrado un grupo de jóvenes militantes secundarios de la ciudad de La Plata y alrededores. Al mando de la operación estuvo Ibérico Saint James, autor de la frase: “Primero mataremos a todos los subversivos, luego a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, luego a los indiferentes y por último a los tímidos”.

El general Camps y su mano derecha, el comisario Miguel Etchecolatz, fueron los responsables directos del secuestro, tortura y muerte de estos jóvenes, para los que nadie reclama inocencia según los parámetros de una dictadura culpable por naturaleza y que salen honrados de la vergonzosa afirmación que aún hoy campea por estas tierras, ese “algo habrán hecho” que tanto daño hizo y hace.

Esos adolescentes provenían de hogares de clase media, no tenían problema en pagar el boleto de colectivo, pero eran conscientes que muchos de sus compañeros no tenían posibilidad de estudiar por no poseer recursos económicos, por eso luchaban para obtener el derecho del boleto estudiantil para todos.

Comenzaron a organizarse en cada colegio y del colegio al barrio y de ahí a la zona y nació así la Coordinadora de Estudiantes Secundarios que nucleaba a miles de ellos de todos lados y logró arrancarle al gobierno de Isabel Perón aquel derecho; hasta que la dictadura cívico-militar decidió suspender en agosto del ´76 la vigencia del boleto estudiantil. Fueron dos meses de lucha, respondida por razzias, que culminaron aquella noche de setiembre con las detenciones, torturas y desapariciones.

Pablo Díaz, uno de los sobrevivientes recuerda el horror vivido: “Hay un documento de la Jefatura de la Policía de la Provincia de Buenos Aires que se llama específicamente ´La Noche de los Lápices´. Está firmado por el comisario mayor Fernández, en ese momento asesor del Consejo de Camps y Etchecolatz, hablaba de que luego de desarticulados política e ideológicamente los sectores ´subversivos´ como universitarios, barriales, trabajadores, la piedra angular eran los ´potenciales subversivos´, que eran los estudiantes secundarios que eran líderes en sus escuelas”.

Los jóvenes secuestrados en aquella noche negra de la dictadura, fueron arrancados de sus casas en la madrugada y llevados a la “División Cuatrerismo” de la bonaerense, donde funcionaba el centro clandestino de detención conocido como “Arana”, desde ese lugar fueron trasladados al “Pozo de Banfield”.

En ese lugar vivieron el horror en carne propia. “Éramos adolescentes que teníamos a nuestro cuidado mujeres embarazadas. Desde septiembre a diciembre de 1976, fuimos testigos de tres partos. Nosotros, que teníamos entre 15 y 17 años, nos ponían en un calabozo con una compañera embarazada a punto de dar a luz y cuando ellas empezaban con trabajo de parto teníamos que golpear fuertemente la celda. Tuvimos tres situaciones de ésas, golpeábamos la celda, las venían a buscar y después escuchábamos el llanto del bebé”.

Esos jóvenes, algunos casi niños, con el único límite que infringieron que fue pelear por el derecho de todos sus compañeros de tener el boleto estudiantil, padecieron torturas sistemáticas con el objeto de doblegarlos, vivieron simulacros de fusilamiento y soportaron todo tipo de vejaciones del aparato montado por el terrorismo de Estado. No pudieron con sus mentes, con sus aferradas ideas de igualdad y libertad. A 43 años, los “lápices siguen escribiendo”.

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