POLITICA
8 de abril de 2026
Hernán Reyes: “Los jóvenes no confían en la política como instrumento de transformación. Perciben que las alternativas las produce la tecnología”
En su columna sobre Opinión pública y Análisis de la Actualidad, de Reporte Semanal por Radio Sapukay, Reyes plantea la postura de los jóvenes ante la política y la participación en democracia. Observa que “mientras el sistema político tradicional pierde relevancia y apoyo, es reemplazado por una nueva forma de autoridad blanda, los algoritmos”
(CABA, 07.Abr.2026 / Por Hernán Reyes exclusivo para A1 Noticias) Un reciente estudio del Observatorio Pulsar de la UBA, junto con la Asociación Conciencia, entrevistó a 2.494 estudiantes, entre 16 y 19 años. La encuesta revela que el 69% de los adolescentes en ese rango etario tiene poco o ningún interés en la política. Sin embargo, según esta encuesta, la mayoría prefiere un sistema democrático ante cualquier otro sistema.
La política no define la identidad de la mayoría de los jóvenes en la actualidad. Según el informe, el 65% dice que casi no conversa con familiares sobre política, y el 81% que tampoco lo hace con amigos.
Varios factores explican el desencanto de los jóvenes con la política. En primer lugar, hay un nivel de frustración muy grande que se fue consolidando a través de los años de inestabilidad económica, alta inflación, corrupción y una caída en las expectativas de movilidad social ascendente.
¿Qué nos dicen los jóvenes? En los estudios que venimos realizando desde Reyes & Filadoro, escuchamos que los jóvenes ya ni sueñan con tener una vivienda propia, que emanciparse de los padres es cada vez más difícil, que el sueño de formar una familia debe ser postergado para más adelante porque ahora es imposible, que vivir mejor que sus padres o como sus padres es hoy más difícil que antes, que acceder a un primer empleo es casi imposible sin contactos, y mucho menos a un trabajo en blanco.
A pesar de estas dificultades, las encuestas que realizamos registran un alto nivel de optimismo. Cuando se les pregunta a los jóvenes cómo creen que va a estar su economía personal de acá a un año, la enorme mayoría opina que va a estar mejor. ¿Por qué, a pesar de tener que resignar el sueño de la vivienda propia, de postergar el proyecto familiar, o de sentir que tienen menos posibilidad de movilidad social, o sea de progreso, que sus padres, se sienten tan optimistas respecto del futuro?
Parte de ello tiene que ver con la naturaleza de ser joven y de tener todo el futuro por delante, pero para ellos la clave está en su capacidad de adaptación. Ellos y ellas se sienten seguros de que van a poder adaptarse al mundo. Esta confianza, esta resiliencia se sustenta en que han visto a sus padres sobrevivir a varias crisis económicas. De hecho, la mayoría de ellos no sabe o no reconoce haber vivido periodos de estabilidad largos.
La mayoría de sus vidas han transcurrido entre crisis y esperan tener que reinventarse varias veces en el transcurso de sus vidas. Por otro lado, la capacidad de adaptación no es fruto de un esfuerzo colectivo, sino individual. Rara vez hablan de un nosotros.
Esto da cuenta de cómo los cimientos de la comunidad están tambaleando en relación directa con la desconfianza en la política. Hay un proceso de individualización exacerbado por la lógica y el funcionamiento de los algoritmos que fragmenta y dificulta la imaginación colectiva. Ante la dificultad de transformar el mundo, los jóvenes de hoy se repliegan sobre sí mismos.
El sistema les dice, no intentes transformar el mundo porque es prácticamente imposible. En cambio, transfórmate a vos mismo. El sueño de la revolución colectiva fue reemplazado por el imperativo de la transformación individual.
Pero la esencia de la política era transformar el mundo. Entonces tiene sentido que para estos jóvenes la política haya perdido su propósito. Pero antes se rompió algo más profundo aún, que es la confianza.
Los jóvenes no confían en la política tradicional como instrumento de transformación, ni en los políticos como agentes de cambio. Perciben que las transformaciones más importantes no las produce la política, sino la tecnología. Ha sido la tecnología la que cambió radicalmente la forma en que se comunican, se relacionan con otros seres humanos y con el mundo. Ha sido la tecnología la que ha revolucionado la forma en que viven, cómo trabajan, cómo se mueven, cómo se curan y se educan. No es la democracia la que promete soluciones concretas a sus problemas hoy en día. Es la tecnología.
Con la tecnología, piensan sin decirlo, se trabaja, se come y se educa. Por supuesto que la política ha sido central en todo este proceso, aunque hoy pareciera ocupar un lugar secundario. Todos los desarrollos tecnológicos de los últimos años fueron posibles gracias a una estructura compleja conformada por instituciones educativas, financieras, militares y políticas de Estado.
La formación del ecosistema digital no hubiera sido posible sin el apoyo directo del Estado emprendedor norteamericano, que planificó y financió el desarrollo de Silicon Valley como centro de innovación. De ahí viene el iPhone, el GPS, el radar, las redes sociales. Pero volviendo a los jóvenes, lo que encontramos en los estudios de opinión pública es que están cada vez más presentes en el territorio digital y cada vez más ausentes del territorio físico, material y tangible.
En otras palabras, los jóvenes habitan en las nubes, mientras que la política tradicional se mueve lentamente a través de un sistema rígido basado en instituciones, protocolos y una estructura piramidal basada en liderazgos carismáticos. Mientras el sistema político tradicional pierde relevancia y apoyo, es reemplazado por una nueva forma de autoridad blanda, los algoritmos. Los algoritmos colonizan los sistemas de producción de subjetividad, normalizan el sentido, sin recurrir a los aparatos represivos del Estado, sin sancionar ni dar órdenes.
Los jóvenes que entrevistamos en los estudios de opinión que llevamos adelante no parecen estar preocupados por estos cambios. Especialmente los hombres, ni mucho menos por la privacidad de sus datos, ni por el impacto que la inteligencia artificial pueda tener en sus vidas, tampoco se muestran muy reflexivos o informados. La información que manejan, en general, no es la que salen a buscar proactivamente, sino la que les llega a través de las redes sociales.
Si no les llega a través de estos medios, básicamente no acceden a ella. Observamos una actitud pasiva frente a este nuevo orden que imponen las grandes empresas de tecnología. En general, se muestran muy optimistas y confiados de que van a poder adaptarse a este mundo nuevo que les es dado, y observamos poca o nula voluntad de transformarlo de acuerdo a sus deseos.
La mayoría de los jóvenes prefieren un sistema democrático, pero no parecen tener mucha conciencia de que la democracia está desapareciendo delante de sus ojos.